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El Pobre Mozo!

Y cuando la vió pasar el pobre mozo, y olló que le dijeron es tu amada, lanzó una carcajada, pidió otra copa y se bajó el embozo; que improvise el poeta, y habló luego; del amor, del placer, de su destino; y al aplaudirle la embriagada tropa, se le rodó una lágrima de fuego que calló en el vaso cristalino; despues tomo su copa, y se bebió la lágrima y el vino.

Nostalgia

Introducción: Es algo que no puedes evitar, un viejo recuerdo se apodera de tu mente y luego te das cuenta que ese momento dulce, amargo o tibio, lo estas viviendo nuevamente, como si fuese la primera vez.
Pero que se yo, tu podrias tener una opinión diferente; sin embargo quiero tomarme un poco de tu tiempo para contarte como la he vivido yo.

My Viejo enojo

¿porqué lloras amor? pregunto mi esposa esta tarde, no es nada, respondí; solo pensaba en cosas de ayer y aparentemente me aferré a ellas.
¿Qué tan importante son estas cosas que al solo recordarlas te hagan llorar? ¿es algo que te pasó y no me lo has contado? si te hace sentir de esta forma, yo quiero saber, quien sabe yo pueda hacer algo; me apena verte así.
No es nada, volví a decir; pero si te intriga tanto, déjame decirte que entre lo que me hace llorar, hay muchas cosas buenas, nada mas me entristece no poder haber hecho algo en esos tiempos. Te voy a contar un poco de lo bueno y lo malo que ha sido en mi vida...

Ana Ruth

Sentado frente a un montón de caf? recien cortado, escoj?a junto a mi hermana mayor de un par de años, los pocos granos verdes que mi madre nos hab?a encomendado hacer; de pronto v? a un perro que intentaba morder a una chiquilla, niña; pero mayor que mi hermana y yo.
...Ante mis asombrados ojos, un hombre corrió hacia ella, y soltandose el cinturón, le azotó algunas cuatro veces. ¿Qui?n es ese hombre? ¿y porque azota a esa niña? pregunte a mi hermana; ese es "Don Rodolfo" el es el padre de ella; Oh, baj? la vista y continu? con lo encomendado.
Alse la vista y le volv? a preguntar, ¿Cual es su nombre? Su nombre es "Ana Ruth" dijo mi hermana y "Don Rodolfo" el es tu padrino, el mandador de la finca. Mi mente se llenó de orgullo y al conocer el nombre de aquella niña, sent? algo que hasta hoy a mis cuarenta años, no me puedo explicar.
Dicen que el amor no tiene edad, y yo lo podr?a confirmar; pero luego me abstengo, pues a los dos años, me niego a creer que lo que yo sintiera por aquella niña en aquel instante, fuese amor.
Habran pasado algunos cinco años, desde la primera vez que la v?, y al recorrer aquellos cafetales, se refleja en mi alma el deseo de volver a ver una vez mas a aquella bella niña quien me dio la idea de lo que en realidad podr?a ser en mi mente, mi primer amor.

La Rosita

Era una niña de apenas cinco años, y corría de un lado lado a otro tratando de esquivar los azotes que "La Niña Lola" intentaba darle, por la simple razón que "La Rosita" habia dejado quemar los frijoles que la señora le habia dejado cocinando. ¡No le pegue! le grite llorando; y como si tuviese el diablo adentro se volte? aquella mujer hacia mi, y me dijo: "¡Querés un par de vergazos vos mono cabrón!" empuñando el pedazo de alambre eléctrico, con el cual acababa de azotar a mi hermanita.
¡No! le dije corriendo y llorando a gritos; como cualquier cobarde, deje a mi hermana victima de la inclemencia de aquella mujer.

El Hombre en la Cama Grande

No hagas ruido, me dijo mi hermana Rosita, que mi papá esta borracho y lo vas a despertar. Me acerqué a la puerta y ví a un hombre tirado boca abajo, en la cama grande, la cual se situaba entre las otras camas adentro de aquel cuarto el cual servía de techo para mis tres hermanos, mi hermana, mis padres y yo. No sentía miedo; pero si obedecía a lo que mi hermana me decía; tampoco se me ocurría en la mente la razón por la cual aquel hombre estaba borracho. Pasaron algunos meses, y no recuerdo haber visto a mi padre borracho alguna otra vez; pero si recuerdo cada momento las discusiones en las cuales se encerraban mis padres.

La primer partida de mi madre

Mamá, no se valla; eran las súplicas que mis hermanos hacían a mi madre, mientras ella metía parte de sus ropas en una bolsa de manta blanca. Los pobresillos a llanto fijo, buscaban una respuesta o un fín a la acalorada discusión a la cual mis padres se habían aferrado.
¡Estoy harta ya! ¡Adios! dijo mi madre y salió de la casa a paso lijero.
Mis hermanos corrieron tras ella, llorando que no se fuera, Yo de un poco menos de tres años, corrí tambien; sin embargo mis cortos pasos, no eran suficiente como para poder alcanzarlos.  
Como solo vestía calcetines, los mojé tratando de pasar una pequeña quebrada que la lluvia había hecho. Me puse a llorar fuerte; entonces mi madre deteniendo su marcha, dijo: ¡ayuden al niño! me voy de regreso a casa.

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